Habla bien, habla claro y sé un abogado efectivo

Por Carlos Alonso Mauricio


Esta debería ser la norma básica de todo orador, pero aún más de aquellos que ejercen la oratoria en el ámbito del Derecho. Un abogado, además de un profesional versado en leyes, es y necesita ser un orador competente para ejercer con efectividad y brillantez su profesión.

En tres ámbitos esenciales necesitan los abogados de técnicas de comunicación aplicada. La relación con el cliente, el ejercicio procesal en Sala y la negociación extrajudicial.


1.- Relación con el cliente.


El concepto que se debe manejar en este ámbito es, esencialmente, el de la claridad. El uso del lenguaje técnico-jurídico y la terminología asociada al mismo, por más que puede ser correcto, supone una traba a la comprensión de nuestro público, nuestro cliente, y, por tanto, una dificultad añadida a la transmisión de los mensajes.

Bien sea en la labor comercial, en la mera explicación de la viabilidad de un procedimiento o en el diseño de una estrategia, la capacidad para estructurar un discurso coherente, sencillo y claro nos permite incrementar la efectividad de nuestra oratoria y realizar un uso más eficiente de nuestro tiempo.

2.- Ejercicio procesal en Sala.

Es en este escenario donde la capacidad retórica de un abogado debe sobresalir. Desde que se entra en la Sala hasta la finalización de las conclusiones, con sus formalidades, silencios, preguntas y respuestas, la presencia de un abogado en un Tribunal es un ejercicio completo de comunicación verbal y no verbal.

Resulta necesario identificar bien el público al que nos dirigimos, sus necesidades e intereses, tener claros nuestros objetivos así como los mensajes y titulares que deseamos trasladar en el escaso tiempo del que disponemos, porque si hay algo esencial a la profesión de abogado, sustancial al ejercicio del Derecho, es el discurso judicial.

3.- Negociación extrajudicial.

La negociación es, en último término, una expresión concreta del arte de comunicar bien, con unos principios y técnicas específicas que integran elementos comunicativos, construcción de mensajes, estrategias de posicionamiento y dinámicas basadas en el poder y la necesidad.

Entender su funcionamiento y el tempo negociador, permite plantear las ofertas como alternativas razonables y acuerdos equilibrados exponiendo el razonamiento necesario para llegar al objetivo final del proceso, persuadir a la parte contraria de que su mejor opción es aceptar.



En definitiva, un abogado puede ejercer su profesión sin leer interminables peroratas ininteligibles, sin perderse en interrogatorios desordenados y construyendo mensajes claros, efectivos y poderosos capaces de convencer a aquellos a los que se dirigen, solo tiene que conocer las técnicas de comunicación necesarias y ponerlas en práctica.

Porque no hay nada tan inverosímil que la oratoria no pueda convertir en aceptable (M.T. Cicerón).

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